lunes 28 de mayo de 2007

Apuntes sobre diseño editorial





En la discusión actual sobre el libro se cuentan algunos actores fundamentales: los autores, los editores, los distribuidores, los libreros, el estado y los lectores. A cada quien se le atribuyen distintas responsabilidades y, entre ellas, la comprensión lectora, es un tema que corresponde al estado (a través del sistema educativo) y, en distinta medida, al lector.
Sin embargo, pensando como editor, se me ocurre que el tema nos atañe directamente, principalmente a través del diseño editorial.

Recuerdo al respecto a Stanley Morison, uno de los más importantes tipógrafos y estudiosos del tema en el siglo XX (que diseñó el famosísimo tipo Times New Roman), quien en su clásico Principios fundamentales de la tipografía la definió como: “el arte de disponer correctamente el material de imprimir de acuerdo con un propósito específico: el de colocar las letras, repartir el espacio y organizar los tipos con vistas a prestar al lector la máxima ayuda para la comprensión del texto”.
Morison entiende la tipografía en un sentido amplio, que se condice con la definición de Emilio Torné en su artículo «La mirada del tipógrafo», en la que define al diseño tipográfico como: “[…] esa parcela [del diseño] que se ocupa de los libros y que se manifiesta, por un lado, en lo [que] en francés se denomina la mise en page (la elección del formato, del papel, de la encuadernación, el establecimiento de la caja, los márgenes de las columnas, el diseño de la cubierta y la portada, la colocación de las ilustraciones, etc.); y, por otro, de lo que, también en francés se denomina mise en texte (el tipo de letra del interior del libro, los usos de las redondas, las cursivas, las versales, los cuerpos, las interlíneas, los párrafos, las sangrías, las notas, los índices, los ladillos, etc.)”. Es decir, el diseño editorial.
Un libro bien diseñado sería aquel en el que, desde la elección del tamaño del libro hasta la del interlineado, se basaran en la utilidad y no en la belleza, singularidad o costos de producción. Para ello, por supuesto, hay una serie de mecanismos desarrollados por la tradición tipográfica a lo largo de siglos, que un programa de autoedición no podrá nunca reemplazar.

Pensando en ello, además de sugerir a los interesados la lectura de los textos que menciono, me pregunto si entre las responsabilidades del Estado en la mejora de la comprensión lectora no estaría incluir la formación de tipógrafos que permitan que los libros que -después de superar todos los escollos actuales- consigan llegar a nuevos lectores, les faciliten el camino al placer de la lectura y a la comprensión de lo leído.
Dejo la pregunta.
Morison, Stanley. Principios fundamentales de la tipografía. Barcelona, Ediciones del bronce, 1998 (1ª ed. en inglés 1929).
Torné, Emilio. «La mirada del tipógrafo». En: Revista LITTERAE. Cuadernos sobre Cultura Escrita I. Madrid, 2001.
Imagen de Stanley Morison, tomada de aquí.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

a pesar de que la tipografía debe buscar la utilidad, es una labor que encuentra la belleza en cada tipo diseñado. gracias por la herramienta que además despierta la reflexión.

CRISTINO PRO-CRASTINA dijo...

jaru, felicitaciones por el nuevo blog, ya te hemos linkeado en jakembó, chera'a...salutes de cristino